miércoles, 21 de mayo de 2014

Dilema del torneo comprado.

Todos saben que no me gusta ni me interesa el fútbol pero les propongo el siguiente asunto:

Todos los que están escribiendo que el Nacional ganó el torneo porque lo compró, creo que tendrían que responder a un dilema sin salida. Sólo necesito que acepten la siguiente premisa: Si ustedes se dieron cuenta tan fácil o astutamente que el torneo estaba comprado, sin duda jugadores profesionales de la misma copa, cuerpo técnico, cuerpo médico o cualquiera vinculados a los equipos (piense en su equipo de predilección) seguramente también se ha dado cuenta. Si es así, ¿por qué deciden seguir jugando?

¡Y he ahí el dilema! O podrían hacerlo sólo de manera pusilánime (sabiendo que perderán) o podrían hacerlo porque también están comprados (es decir, completamente todo es un teatro).

El problema es que aceptar cualquiera de esos dos resultados sería motivo suficiente para abandonar su interés en ese torneo y además en el fútbol colombiano, ¿entonces qué hacen pensando en esa final?

viernes, 21 de febrero de 2014

Volver al ruedo

...
Le he dado muchas vueltas a cómo empezar (continuar y terminar) esta entrada. Me encantaría ser mucho más hábil y hacer una mezcla entre fragmentos de canciones, retazos de literatura, un par de frases célebres, una que otra escena de Wong Kar-Wai e hilarlo todo de tal manera en que el autor siga siendo yo mismo y no parezca un collage facilista. Pero no puedo. Así que comenzaré como pueda.

Ha pasado mucho tiempo desde la última entrada. Es curioso, cada vez pasa más tiempo entre entrada y entrada y no puedo evitar el cliché de decir algo como: "Han habido muchos cambios desde entonces". Y sí, esta vez también han habido muchos cambios desde entonces. Ciudad de México ahora luce lejana, consumida por la nata, ahogada entre el barullo de las hormiguitas que se pasean sobre su superficie. Estoy en Cali de vuelta. Y, he allí el primer cambio notorio, estoy casi que por elección. Eso hace unos meses había sido impensable.
...

Escribí ese par de párrafos hace un par de años que intenté retomar el blog. Pero lo dejé sólo en borrador. Ahora sí quiero hacerlo de verdad. Escribir sobre más vainas, aunque esta vez ya no tan chilangas.

La última entrada a este blog fue hace tres años. Febrero de 2011. ¿Qué han pasado estos tres años? Sería muy fácil decir que no ha pasado nada. Pero sobre todo sería falso. He estado estos tres años en Cali. En parte por eso no me había motivado a volver a escribir en Vainas Chilangas, ¿qué de chilango puede contarse desde Cali? Pensé en abrir un blog distinto, pero no me pareció buena idea. Vainas Chilangas ha sido el único blog que más o menos ha tenido algunos lectores así que prefiero escribir encima que volver a construir. Igual y algo de la nata se me ha quedado pegada en el cerebro.

Cali por tres años. Cali es una eterna pausa. No quiero decir que no se mueva. Todo se mueve. Todo cambia. No soy el que era cuando me fui. Y tampoco soy ahora aquel que era cuando llegué. Estas frases de filosofía barata en realidad quieren decir algo más. Primero, quiere decir que he cambiado, pero cuando digo "yo he cambiado" no quiero pensar en un cambio interno profundo. No, creo que lo que nos hace cambiar son las circunstancias externas. Ha cambiado mi entorno y he tratado de ajustarme a él de la mejor manera. Segundo, el mundo (mi mundo) en Cali ahora es muy diferente. Se han cometido muchos matrimonios y otras cosas de gente adulta como para pensar que es el mismo. 

Tenía en mente escribir de otras cosas. De hecho, esos memes saltarines en mi cabeza fueron los que me hicieron loggearme de nuevo aquí y comenzar esta entrada. Pero supuse que era importante decir algo sobre este intérvalo de tiempo en que he dejado este blog quieto. Espero también que las próximas entradas sean menos aburridas.

martes, 8 de febrero de 2011

Sobre Doña Gloria

Doña Gloria es una paisa estándar. Clase media, de elegantes chicles (en su caso no se le pueden decir leggins) amarillos y blusa negra ceñida. Doña Gloria ha sido Trending Topic en Colombia por cuatro días seguidos en Twitter, eso no es poca cosa. El primer día que apareció fue Trending Topic mundial, es decir, personas -muchas- de todo el mundo, vieron su video. ¿Y qué tiene ese video? Pues son 8 minutos de Doña Gloria echando madrazos y vulgaridades a velocidades impresionantes. Es sorprendente, es gracioso, ¿es de mal gusto? Del peor. ¿Pero qué significa eso?

Es un gusto culposo, ciertamente. ¿Qué pensarían los colegas académicos si sorprenden que en la mezcla de sentimientos encontrados al escuchas a esta señora vomitando malas palabras hay algo de disfrute? No es una apología a la vulgaridad lo que quiero hacer aquí, sólo dar cuenta de un par de detalles que me resultan -por lo menos- interesantes. ¿Qué hace que una palabra sea “vulgar”? La pregunta no es nada trivial. La línea entre lo vulgar y “lo bien visto” es muy delgada, y hay que estar inmerso en ciertos juegos del lenguaje para poder distinguirlas claramente. Por qué en México “marica” es una palabra terrible, mientras que en Colombia la gente más nice y cool la dicen sin problema. Pero más aún, ¿por qué hay gente en México que considera que “no manches” suena muy bien, mientras “no mames” suena muy naco?. ¿Qué distancia hay entre “hijueputa” e “hijuepucha”? ¿Por qué nos creímos el cuento que entre una “T” y una “CH” hay un abismo de cultura?


Todo es cuestión de exclusión. Este asunto del uso cuidadoso, decoroso y bien tratado del lenguaje no es otra cosa sino una variación más de las “buenas maneras”. Sí, las buenas maneras, aquellas reglas convencionales que dictan cuándo está bien tomar la servilleta de la mesa y cuándo está mal sacarse un moco y dejarlo pegado en ella. De la misma manera, dictan cuándo está bien usar un “hijuetantas” y cuándo está mal un “hijueputa”. ¿Qué es aquello que está “mal” con poner los codos sobre la mesa mientras comes? Creo que es lo mismo que está mal si dices un par de malas palabras mientras hablas.

Es un indicador de “mala educación”.

¿Quiénes son los maleducados? Los que no han recibido tal educación. ¿Quiénes son esos? A riesgo de parecer mamerto, he de decir que los de siempre: los pobres.

Hay toda una jerarquía de buenas maneras, algunas muy codificadas, hay muchas que por supuesto se me escapan. Pero las sospecho, deben ser aquellas que algunos aprenden en lecciones de “glamour”. Los codos en la mesa son solo el comienzo de códigos y prácticas que pueden ser muy complejos.


Intuitivamente nos parece que hay algo mal en alguien que discrimine a otros por cómo se viste. Porque no use ropa de marca o porque lleve los zapatos sucios. Por qué entonces no nos molesta que se discrimine al “maleducado”. Y más aún, ¿por qué mirar mal a aquellos que como Doña Gloria lo único que puede balbucear es un vómito de malas palabras? Buenas maneras, buenas palabras, buena ropa, son todos mecanismos de exclusión. ¿Me interesa hacer una revolución a favor de las malas palabras y las malas maneras? ¡En absoluto! El status quo está ahí porque a muchos beneficia. Para aquellos cuyo -nuestro- trabajo es aprender más y más palabras, ¿cómo querer que de repente se democratice y todas tengan igual valor?

Así, sigamos escribiendo entradas de blogs. Sigamos escribiendo artículos y teniendo conversaciones con pretensiosa ortografía en twitter. Hagámolo mientras en secreto vemos dos o tres veces el video de Doña Gloria. Al verlo se siente el mismo placer que se siente cuando de repente alguien en una ceremonia se sale de la formación o cuando vemos que aquel hombre de traje trae unas medias rojas.

La transgresión. El revolucionario que llevamos dentro se despierta. Lo ridículo del absurdo de alguien que no desea lo mismo. Que no finge. Que está en otra liga.


PS: Para aquel que no sepa de qué estoy hablando, busque el video en youtube. Sientese, agarrese y -por favor- use audífonos, no querra que Doña Gloria contamine a altos decibeles su entorno.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Una comida hippie

Algunas imágenes arquetípicas de Ciudad de México, los múltiples colores, la gente en sentada en grandes plazas, tertulias bohemias, la casa de Frida Kahlo o la de Trotsky, pertenecen a Coyoacán. Ahora vivo aquí. Hay toda una caracterización del coyoacaner que no haré ahora, más bien relataré un episodio particular de algo que me sucedió recientemente.

El DF es un monstruo traga pueblitos (como bien dijo mi amiga @esponjita) y ahí estaba yo, una tarde novembrina, en medio de uno bastante grande, despedazado por los jugos gástricos y la polución de la urbe, de callejones angostos, casas de colores y gallos que cantan todo el día. Buscaba un sitio para comer no muy lejos de la que fue mi casa. Una fonda pequeña, atendida por su propietaria (y cocinera) y frecuentada por gente joven de buen aspecto. Me senté y luego de elegir un chile relleno como guisado comencé a escuchar la conversación que animadamente se movía en la mesa de al lado.

Sorprendentemente, y en treinta minutos aproximados, los contertulios repasaron todos los temas emblemáticos hippies. Todos, uno tras otro, casi como haciendo una enumeración exhaustiva. Inicialmente eran tres (luego se uniría un cuarto). Un tipo mayor que el resto que fungía como gurú del grupo. Un hombre joven que hacía las veces de padawan y una chica joven y guapa cuyo rol era el de groupie del gurú. Así sucedieron los acontecimientos:

Energía y buenas vibras

Groupie: "Uy, siento una vibra muy pesada"
Gurú: "Claro, es que estamos en una zona muy vieja. El paso de los años hace que eso se vaya acumulando"
Padawan: "Oh"

Teoría de la conspiración de los científicos

Padawan: "¿Y tu crees que se pueda dar cuenta científicamente de esas vibras?"
Gurú: "¿Qué quieres decir? ¿Académicamente?"
Padawan: "Sí, algo así"
Gurú: "Todos los científicos lo saben, pero nunca lo dirán. La élite científica lo sabe pero no lo revela"
Padawan: "¿Y cuál es esa élite científica, la NASA y ellos?"
Gurú: "Sí, esos"
Groupie: "Oh"

Teoría de la conspiración de los bancos

-Irrumpe la escena un cuarto que llamaré "Rebelde", llega en una bicicleta de estilo retro-

Rebelde: "Voy a volver a la alcancía, los bancos son unos ladrones"
Gurú: "Sí, el sistema bancario es un desastre, por eso yo guardo el dinero en el colchón"
Groupie: "Oh"
Padawan: "Oh"

Estrellas y constelaciones

Gurú: "Si han visto que la estrella X de la constelación Y se ve azul en las noches"
Groupie: "Uy sí, pensé que era Aldebarán"
Padawan: "Oh"

Después de estos cuatro bloques la plática de volvió un popurrí entre artes plásticas, mota (marihuana) y cine de bajo presupuesto. Al no poder diferenciarlos tan distintamente no pude dar cuenta de ellos. Y en verdad ya intentaba ponerle más atención a mi comida que a la conversación. En algún momento no pude contener una risa y no quise pasar por algo tan bochornoso otra vez.

¿Cómo son los verdaderos coyoacaners? ¿Cómo ellos? ¿Cómo yo? Tal vez sea algo intermedio. No quiero ni intentar describirlo. Mi propio ánimo ha sido vulnerado últimamente como para intentar hacerme tal harakiri.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Vuelta al ruedo con muertos

Las vainas chilangas están de regreso. Hace un año y un mes que no escribía nada en este blog. Lo dejé abandonado por diversos motivos, pero principalmente porque no sentía que pudiera decir algo entretenido. En este año muchas cosas han cambiado. Tantas transiciones encima no me permitían asimilarlas, tomar una pausa y escribir.

Este es el mes de los muertos. La relación con la muerte en México es algo bastante pintoresco. Hace un año, cuando aún vivía en Tlalpan, pasé la noche de muertos en un cementerio. Esto no es nada extraño, hay toda una celebración alrededor, fuera del cementerio hay puestos de bebidas y de comida. Esa vez, compré unos tamales con Leonardo y nos adentramos en los panteones. Estaba repleto de gente y se había adecuado un área muy grande con sillas para proyectar una película de terror de vampiros mexicanos en blanco y negro. La gente asiste masivamente, van niños y viejos, con su tamal y su atole (colada) en mano y dan vueltas por los panteones. Las tumbas están más adornadas que de costumbre y no pocos dejan en las tumbas la comida y la bebida que disfrutaba el muerto. Dimos vueltas por casi una hora, pasamos por todos los caminos y vimos las tumbas que la escasa luz nos permitía. Recuerdo una que tenía un globo con forma de diablito amarrado, aún flotaba y logró asustarnos.

La muerte, entonces, resulta algo mucho más familiar. Al menos no tan solemne, ni oculto. Otra expresión de esta diferencia está en el culto a la Santa Muerte. Una figura huesuda de capa negra que es adorado por algunos sectores de la población, generalmente de clases bajas. Esa es la Virgen de los Sicarios en versión mexicana, pero esta vez desprovisto de valores hipócritas y declaradamente corrupta y satánica. Ahora mismo, en la casa de mexicanos donde vivo, tengo un altar de muertos al lado, una tradición que busca tener presente los propios muertos y rendirles un homenaje. Está decorado con calaveras de azúcar y chocolate, pan de muertos, y dulces típicos tiene unas velas en las esquinas de la mesa y en el centro está la fotografía de la abuela de la dueña de casa. Pensé poner la foto de mi papá, pero tal vez ese ritual resultaría muy pagano para su gusto.

Sí, uno de los cambios fue ese. Por primera vez la muerte me tocó de cerca. Aquello sucedió el 26 de noviembre del año pasado. Llegó un email a mi cuenta de correo avisándome de noticias familiares en Cali. Una llamada después me enteré que, en contra de los pronósticos que conocía, Álvaro Fajardo se había ido de este mundo. Un sacerdote cercano a la familia relató en una de las homilías de despedida que él le había confesado "estar muy feliz porque cada vez estaba más cerca de reunirse con el Padre". Cuando escuché esto no pude evitar estremecerme y agradecer que mi papá tuviera un motivo de alegría justo antes de su larga noche.

¿Qué nos queda a los que sabemos que no habrá nada más? ¿Han hecho el ejercicio de intentar imaginar el mundo sin su punto de vista? Cuando lo he hecho lo único que siento es una sensación de vértigo pasmosa, absoluta. Es algo en lo que prefiero no pensar y que simplemente me resulta aterrador. Pero ciertamente es algo que debemos domar, amansar, acostumbrarnos y hacerlo parte de nuestras vidas. Qué tan distintos serían nuestros días si entendiéramos lo efímero de ellos. He allí la virtud de la fiesta a la muerte, cuando puedes volver una tragedia un motivo de festejo es porque lo dominas. Si puedes hacer un chiste acerca de lo más profundo es porque puedes pasar encima de ello y salir bien librado. El lenguaje es una vía de sanación, repetía un profesor en mi licenciatura. Quizás esa sea la razón última de retomar este espacio.

La muerte está muy relacionada con crecer. Cuando eres pequeño no dimensionas muy bien el asunto de la muerte. Una vez escuche a un niño muy pequeño decir con una gran sonrisa que su mamá estaba en el cielo. Y a otro, años después, decir con toda la tranquilidad que pronto se moriría porque tenía cáncer. De hecho, en algún sentido crecer es cargar cada vez con más muertes en la espalda. Muertas tus amistades, tus padres, tus proyectos, tus PJs, tus amores, tus sueños adolescentes, tu tiempo.

Pero la vida continúa y los días se acaban.

¡El muerto al hoyo y el vivo al baile!

PD: ¡Los muertos que caminan están de moda! Se acerca el estreno de The Walking Dead, una serie de FOX que tiene muy buena pinta. Estaremos atentos.


miércoles, 30 de septiembre de 2009

Una situación de difícil estudio

Una noche cualquiera salí a buscar la manera de comer una hamburguesa. Leonardo, mi nuevo roomie (la traducción literal de esta palabra no tiene nada que ver con la realidad, by the way), resultó muy antojado luego de alguna referencia a las delicias de las comidas rápidas en Colombia. Así, y en ausencia de comidas rápidas callejeras de calidad en la calle, pensamos que una buena idea sería comprar carne y pan y hacer unas caseras. Sin embargo, la hora no nos ayudaba y el super estaba cerrado.

Nuestro segundo intento fue ver qué carne podíamos encontrar el minimarket, pero allí sólo habían salchichas, mortadelas y ninguna carne que nos interesara. Así que resignarnos a un taco callejero parecía nuestra única opción. Llegados al puesto de venta el sitio estaba atestado de gente, lo cual lucía bastante bien conocedores de los peligros de estos puestos callejeros, digamos que en algún sentido la alta demanda nos garantizaba cierta calidad. Al lado había otro puesto completamente vacío, lo que contrastaba enormemente con las filas sin fin de al lado. Así que nos encontrabamos con una decisión difícil: esperar y hacer una larga fila con la confianza de comer algo más o menos sano, o no esperar y comer rapidamente corriendo un gran riesgo. Nuestra decisión fue la más salomónica: ninguna de las dos.

Parados en medio de Insurgentes pasadas las 10 pm nos surgió la mejor de las ideas para calmar un antojo de hamburguesa: ir al conocido y nunca bien ponderado McDonalds. Teníamos uno muy cerca así que iniciamos el camino, la semana pasada en pleno feriado de Independencia habíamos estado a una hora similar así que dimos por descontado que estaría abierto. Sin preocuparnos caminamos las calles que nos separaban, saludamos al hombre que cuida el estacionamiento y justo cuando vamos a abrir la puerta (que por cierto en México dice JALE y no HALE como en Colombia) nos damos cuenta que está cerrada. Pero más impactante fue la escena que vimos dentro.

Formados en una fila, con traje de muy exclusiva gala, habían unas treinta personas, en su mayoría jóvenes. Tacones altos, corbatas, vestidos llamativos y unos más sobrios llenaban el establecimiento. El shock fue instantaneo. ¿Qué hacían esas personas ahí? La elucidación de este, nuestro misterio del fin de semana, será el tema de la presente entrada.

Haremos el papel de detectives. Propondremos hipótesis e intentaremos falsearlas (al más puro estilo del buen Popper) hasta que lleguemos a una hipótesis sin objeciones y nos sintamos cómodos junto con ella. Ahora bien plantearemos nuestra pregunta de investigación:

¿Qué, demonios, hacen 30 jovenes vestidos de etiqueta dentro de un McDonalds cerrado?

Iremos cerrando nuestro abanico de opciones del siguiente modo: sin lugar a dudas era una celebración privada. Estaban muy bien arreglados y estaba cerrado. La pregunta que surge de forma inmediata es:

¿A quién, demonios, se le ocurre hacer una celebración privada en un McDonalds?

Para esto y sin ser injustos comenzamos con dos tesis que nos parecían las más caritativas y las más racionales para explicar esto. La primera es la "Hipótesis de la Seño Cleo" y la "Hipótesis de Teo".

Hipótesis de la Seño Cleo
La Seño Cleo es una cocinera muy trabajadora y conocida en la cocina del McDonalds, su buen amabilidad, y buena disposición la ha hecho merecedora del cariño de sus compañeros de trabajo así como del administrador (o dueño) de esta sucursal de McDonalds. El último fin de semana, Karla, la hija de la Seño Cleo, se graduó de la Prepa. Conociendo su situación económica y la importancia de esta ocasión el administrador (o dueño) le propuso a la Seño Cleo, que hiciera la fiesta en su McDonalds, que -por supuesto- es también de ella.

Hipótesis de Teo
Teo es uno de los cajeros de McDonalds. Ahí conoció a Rosita y desde que llegó a su vida ha estado perdidamente enamorado. Así que, de acuerdo a sus valores morales, decidió pedir su mano. Los padres de la joven Rosita accedieron ya que Teo es un buen muchacho. Sin más y al anunciar su próximo matrimonio el administrador (o dueño) de ese McDonalds ofreció muy amablemente el McDonalds como un buen sitio para la recepción ya que otra opción podría ser muy costosa para ellos.

Si bien estas dos hipótesis resultan las más racionales, las dos tienen un componente muy grande que resulta inverosímil: la amabilidad profunda del administrador (o dueño) del McDonalds a tal punto que ofrecer de manera gratuita el local para celebrar esta fiesta. Sólo basta conocer la naturaleza humana para pensar que la relación estándar entre administrador (o dueños) y empleados no será tal que implique: cerrar el restaurante en una hora en al que podría estar recibiendo dinero y seguir pagando empleados en esas horas de la noche. Estas dos razones impide pensar que las dos hipótesis anteriores son el caso.

¿Qué otra cosa puede ser?
Hay aspectos de esta situación que parecen irreconciliables: a) una celebración elegante en McDonalds no parece una buena idea, b) pagar por una celebración en McDonalds es una idea peor, c) si se paga en McDonalds mejor se paga en otro lado.
Una idea surgió.

Hipótesis Ramos-Fajardo
El hijo de Don Ernesto, el administrador (o dueño) del McDonalds, se graduó de la Prepa. Buscando ahorrar en gastos, le propuso a su hijo que la recepción del evento se haría en el local del restaurante. Ahorrando todos los gastos que obviamente se ahorrarán.

Creemos que esta hipótesis es la más completa. Aunque claro deja muchas preguntas abiertas: ¿Cómo convenció a su hijo de ésto? ¿No hubiera preferido no hacer nada en vez de hacerlo ahí? ¿Cómo su esposa/tia/prima/amiga no le hizo saber lo que estaba apunto de hacer?

Por último y con el hambre propia de hombres asombrados decidimos comer un perro del OXXO. El peor de todos. Al devolvernos pasamos una vez más por el McDonalds. El piso de arriba no tenía luces. En cada mesa alumbraba una tenue luz de una vela.

Al menos, la noche tendría un toque romántico.


PD: Lo reto. ¿Puede usted formular una mejor hipótesis?

sábado, 11 de julio de 2009

Una brevísima confesión

Trataré de no darle muchas vueltas al asunto.

Lloré, casi a moco tendido, viendo My Sister's Keeper.

Siempre fui un animal muy social. Pero eso ha cambiado un poco y en realidad no me disgusta del todo. Una de las cosas que se aprenden en esta suerte de auto-exilio es el de convivir con uno mismo. Si no están tus cuates de toda la vida cerca, si ya no hay "vaquitas amarradas" a quien llamar de vez en cuando o simplemente alguien que esté dispuesto a hacer algo contigo en cualquier momento, lo único que queda es la propia compañia. Y uno de los rituales que ejecuto conmigo mismo es el de ir a cine (¡sin albur ni doble sentido!).

Hace un año era impensable ir a cine sólo. Me lo imaginaba un evento triste, casi como almorzar sólo o ir a un concierto sólo, aunque cabe decirlo, no tan triste como ir a un motel sólo. Casos de que los hay, los hay.

A lo que vamos. Hace una semana me fui a ver esta película, que a latinoamérica llegó como "La decisión más difícil", animado por la novedad que supone estar casi protagonizada por Cameron Díaz y a la vez resultar una película deseable desde el primer trailer. Así que sin más, fuí a verla con un Icee en la mano.

No haré ningún spoiler así que no me referiré a la historia. Sólo he de decir que es excelente, está muy bien contada y tiene personajes de los que te encariñas muy rápido. Y esa es la virtud del filme, desde el minuto 20, o algo así, te bombardea de situaciones e imagenes que harán conmover a muchisima gente. Debo confesar que desde aquella escena en la que le entregan un anillo de oro a Oskar Schindler no había vuelto a salirseme una lágrima con una película. Admito, me emociono facilmente en el cine y muchas veces se me encharcan los ojos, pero lagrimas caídas casi nunca.

Y volvemos con el tema. Prenden las luces y estás sentado en el cine sólo, al medio día y los ojos encharcados y rojos. Por un momento me imaginé siendo cualquiera de los otros asistentes diciendo para sus adentros: "pobre". Pero luego levanté la cabeza y caminé lentamente, casi orgulloso de tener que ir secandome la mejilla, hacia el baño. Me eché un poco de agua a la cara y al ver que no iba a disimular el hinchazón de los ojos. Salí.

Mirando fijamente a quienes me miraban extrañados.

PD: En últimas esta es una recomendación. Cualquiera podrá calificar la peli de cursi, y puede tener razón, pero la formula está muy bien planteada. Así que si la última vez que lloraron fue con la muerte de Mufasa, esta seguramente será una buena segunda ocasión.

lunes, 15 de junio de 2009

El mayor peligro

Quizás los defeños estén en desacuerdo conmigo.

El mayor peligro para un extranjero en el DF, no son los taxistas de los bochos verde con blanco a quien todo mundo ve como secuestradores en potencia, tampoco lo es andar en las calles de la Colonia Doctores cuando vas por primera vez a las Luchas Libres, ni pensar de los peluqueros y barberos con caras de sicóticos que aún atienden en casas adornadas por tubos de serpentinas líneas rojas y blancas, ni que hablar de la AH1N1 que ha resultado más inofensiva de lo que se temía. El mayor peligro, estimadas y estimados, es la comida callejera.

Antes de continuar quiero aclarar que esta afirmación no la hago víctima de mi subjetividad. Repito, no tiene nada que ver con el hecho de que un día después de pisar tierra defeña haya sido víctima de una feroz Salmonella typhi. Que por cierto mató al Gran Pericles en la antigua Grecia pero a mi sólo me dejó dos semanas en cama, soy más fuerte.

No, mi apreciación es fruto de un unánime consenso entre la población extranjera que conozco. Nadie puede negar la exquisitez de la cocina mexicana, pocos pueden negarse un pecadito en la calle, y entre tacos, gringas, gorditas, sopes, pambazos, tortas, quesadillas, huaraches y tamales cocinados en la calle, con las mismas manos con las que reciben el dinero y expuestos al mugre y la contaminación reinante, es imposible que algo no suceda.

Y sucede. Aquí le llaman la Venganza de Moctezuma. Nosotros con menos sensibilidad histórica y política le llamamos: Una diarrea la berraca. Así, no es motivo de sorpresa que los extranjeros primero conozcan los enredados nombres de los medicamentos, que los nombres de las principales calles o de las estaciones de metro.

Me niego a encontrarme seducido por un fácil humor escatológico así que me detendré aquí. Basta decir que, en últimas, todo es parte del paseo. Mi roomie enfermó al llegar y ahora, una semana antes de irse, también.


PD. Me mudaré de apartamento en dos meses, ¿será que por fin entenderé por qué "mudanza" es sinónimo de "infierno" para las mamás?

martes, 28 de abril de 2009

Como unas tangas rosas

Ayer, abrí el paquete de lavandería que había recibido dos días atrás. Llevaba dos días sin salir del apartamento. No hay a donde, no hay con quien, no hay a qué. Ya ni misas hubo. Ni el Starbucks agringado del frente. Ni siquiera el McDonalds de las veinticuatro horas. El único negocio abierto es el de mi tocayo, quien dice estar matando el virus con tequila. Sus ojos rojos e irritados justifican cualquier suspicacia frente a su intento.

Ayer, abrí el paquete de lavandería que había recibido dos días atrás. Debo confesar que llevaba dos días sin bañarme. No se si en verdad le estaba tomando miedo al agua. O estaba cayendo en ese estado de indiferencia hacia el propio cuerpo, tan común en los momentos en que abandonas la idea de socializar y prefieres estar concentrado en algo. ¿En qué? En los boletines de cada quince minutos que aparecían en las agencias de noticias de internet. Seguir paso a paso y minuto a minuto la información oficial acerca de una proto-pandemia como esta, no es ni lo más divertido, ni lo más emocionante. Pero si puede ser muy morboso. Revisar foros y blogs, leer las más diversas teorías, desde aquellos que piensan que esto es un plan macabro de los Illuminati para acabar con la humanidad, hasta aquellos que piensan que en realidad es el ataque de un arma química. Entre los unos y los otros es muy probable extraviarse y olvidar el mundo real. Aún más cuando esa es precisamente la recomendación.

Ayer, abrí el paquete de lavandería que había recibido dos días atrás. Busqué mis boxers preferidos, los anchos de rayas rojas con negras. Y encontré unas tangas rosas, rosadas, pinks, no muy punks. ¿Qué hacían ahí? ¡quien sabe! No lo había pensado hasta ahora. Un día después.

Todo puede ser un símbolo. Buscas, abres, esperas encontrar algo que estás seguro que está ahí dentro. Pero no. Encuentras algo distinto, algo que nunca esperaste, algo que no debía estar ahí. ¿Y qué haces? sonries. No es un insecto, no son unas medias sucias, no son unos brasieres descosidos, son unas divertidas tangas rosas, rosadas, pinks, no muy punks. ¿Y qué si fueran otra cosa? No sería lo mismo, lo recibirías de otra forma. Pareciera que la vida, luego de traerte en el paquete de la lavandería aquello que estás siempre acostumbrado a encontrar, aquello que sabes que tiene que estar ahí, aquello que apostarías hallar, te lanza unas tímidas, pequeñas y delgadas tangas rosas. La monotonía quizás te lleva a pensar que siempre estarán los mismos boxers, las medias de siempre, quizás con su roto más grande. ¿Pero cuando pensaste que ibas a encontrar unas tangas casi transparentes y limpias en tu paquete de lavandería?

¿Si el destino tuviera jeta, que te querría decir con eso?

Al menos, mi paquete de lavandería no será el mismo la próxima vez. Me imagino a mi, dentro de quince días, abriendolo expectante. Sonriendo, imaginando mil cosas distintas que pueden salir de ahí. Quizás, o no, lo abriría lento, despacio, mirandolo fijamente desde el momento en que algo se alcance a vislumbrar de su interior, temeroso pero juguetón, así estaría con mi nuevo paquete de lavandería. Y luego, tal vez, encontraría dentro aquella camiseta curtida o aquel jean con la marca de un cigarro viejo. Quizás la magia se perderá. Pero al menos la curiosidad habría despertado una vez más. Priceless.

En ocasiones ocurren cosas que nunca esperas. Que hace que lo-pienses diferente. Que te hace creer-lo.

Plus ça change.

Lo sabíamos, no lo esperabamos.

sábado, 25 de abril de 2009

Like a survival horror movie!

Calles vacías, los establecimientos cerrados, vendedores ambulantes haciendo su agosto con los tapabocas, el metro lleno de personas temerosas, las clínicas abarrotadas atendiendo a sus muchos pacientes en los patios... NO es una escena de una pelícual de survival horror, es la situación actual del DF.

Un motivo extraño me impulsa a retomar estas vainas chilangas. Como ya todos sabran por las noticias y periódicos, el DF se encuentra en una situación harto particular. A mi roomie y a mi nos acaban de echar de un Starbucks ya que por decreto presidencial deben cerrar los establecimientos hasta nuevo aviso y la próxima semana ni escuelas ni universidades estarán funcionando. ¿Por qué? Una epidemia de una efermedad nueva se está extendiendo por la ciudad.

Y es que en una ciudad tan populosa cualquier cosa que pueda contagiarse lo hará muy rapidamente. La Organización Mundial de la Salud acaba de establecer un centro de emergencia para monitorear y esperar el momento en que esto se convierta en una pandemia. Pandemia es una palabra que suena muy grande y grave y el clima de zozobra está en aumento. Lo que menos se quiere es que declaren a México en cuarentena eso no ayudaría con la sensación de inseguridad que ahora parece generalizada.

¿Qué hacer? Nada. Esperar que aquel jinete del apocalipsis no le de por hacer una vuelta muy larga sobre los cielos defeños y que aquello que están diciendo los conspiretas políticos, que nunca faltan, sea verdad: Que todo es una cortina de humo. Aunque los ya 80 muertos y 1300 y pico de enfermos parecen no sostener esa tesis que realmente resulta tranquilizante pero irreal.

¿Y qué haré yo? Pues estar más en casa que de costumbre. Y actualizar este blog con cada cosa que suceda. Para que ustedes, queridos lectores, conozcan un poco más de cerca que es eso de estar dentro de una emergencia sanitaria de escalas bastante grandes (como todo dentro del DF).

Queda la esperanza de que al menos la gripe esta (que parece ser una mezcla macabra entre fiebre aviaria, porcina y humana) no termine zombificando a diestra y siniestra, como en mi sueño de hace tres noches donde escopeta en mano debía abrirme campo entre calles atestadas de come-cerebros. Al menos allí era divertido.

Me despido entonces, desde dentro.

Cambio y fuera.


PD: Como algunos dicen que una imagen vale más que una entrada de 422 palabras (sí, las conte) ahí les va.. ¡Virgen del Agarradero!

Cortesía (no tan cortes y quizás atrevida) de El Universal.

lunes, 2 de febrero de 2009

Atravesé la nata

No manches. La nata de nuevo. Para propios y extraños la nata siempre será impactante (miento, quizás no para todos). Entre la tierra y las nubes, en algún lugar bajo las nubes pero encima de la tierra, en México DF, existe una capa intermedia, fruto de las glorias de la industrialización así como una bocanada de humo gigantesca que se queda en un cuarto sin ventanas, La Nata. Blancusca, espesa, gruesa, de un olor inimaginable, aunque por lo que puede fantasearse seguro tiene esa textura de los algodones de azucar.

De noche la nata tiene un efecto muy particular sobre el DF: no, oigase bien, NO permite ver las estrellas. ¿Pero quien quiere estrellas? ¿No es mejor un bello paisaje celeste parecido a un llanura gris, una eterna tarde nublada como de tantos domingos o lunes tediosos? La nata es chilanga de hueso colorado como dicen por estos lares.

La nata, a diferencia de la luna, las estrellas y los luceros, parece no haber inspirado a tantos poetas, cantautores, pornoautores (valga la cuña al Chivi, el Chivi es Dios, B2B!), escultores, locos, o drogadictos. No conozco del primer poema a la Nata, el primer bohemio suicidado con la nata como eterna enamorada, ni siquiera alguna canción trashera al respecto.

Bueno, pero volviendo al tema. Atravesé la nata otra vez. Cali Ají un mes casi exacto y de nuevo aquí. El blog, como mi persona, atravesó la nata del olvido y de la dejadez para tratar de estar un poco más actualizado.


PD: Tengo nuevo roomie! Aún no entiendo si está feliz o triste por el juego de los Cardinals.

PD2: Ayer vi mi primer juego de la NFL, estuvo muy bien. Al principio no entendía un pepino (ni madres) pero al final insulté con el último touchdown de los Steelers. Creo que podría volverme un aficionado (aunque sea de cada Superbowl).

viernes, 21 de noviembre de 2008

¿Filosofía?

-¿Filosofía? Eso tiene que ver con Platón y con otros viejos barbudos por allá hace mucho, ¿no?

Esta es la respuesta estándar cuando alguien recibe una respuesta a la pregunta: -¿Y tu a qué te dedicas?

Antes de continuar con esta entrada compartiré con ustedes un par de anecdotas que me ocurrieron hace un tiempo.

El primero en un viaje a Cartagena. Me encontraba sentado en una silla rimax, de las blancas que hay en todo lado, mientras una señora de estas que hacen masajes y venden de todo me hacía una trencita de colores típica de las zonas playeras, mientras teníamos la siguiente conversación:

- ¿Y tu qué haces aquí?
- Vine a un Congreso de Filosofía
- ¿Y eso qué es?

Ahí sentí un frio pasmoso. Por un momento tuve la mente en blanco y no supe cómo contestar qué era la filosofía (aunque algunos filósofos dicen que eso mismo es un problema filosófico para no tener que dar una respuesta clara).

El segundo fue una conversación que tuve con un niño de nueve años en un colegio donde tuve la oportunidad de dar clases. El niño me pregunta cuál era la clase que daba en la secundaria y a mi respuesta, la pregunta vino de nuevo:

- ¿Y eso qué es?

Quizás haya gente mucho más preparada que yo para dar una respuesta, pero la verdad, muchas de ellas resultan o muy enredadas o muy oscuras así que trateré de exponerlo sin mayor obstáculo. La Vida, si esa con mayúsculas que Usted y yo vivimos, está repleta de preguntas filosóficas. Cuando subimos a un bus y nos dan más devuelta de la justa muchos, aunque nos alegremos, nos hacemos la pregunta ¿Estará bien quedarme con el dinero restante? o cuando después de una noche de farra alguien dice que hicimos tal o cual cosa ¿Fuí YO el que hizo eso? o cuando alguién en televisión dice que Plutón acaba de entrar a la constelación de Capricornio y que eso hará que algunos fulanos tengan buena suerte ¿Será que eso es cierto?

Todas esas preguntas, que los filósofos han etiquetado como éticas, metafísicas o epistemológicas respectivamente, son preguntas genuinamente filosóficas. Ahora bien, muchos no le damos mucha importancia a esas (menos mal, sino vivir sería mucho más complicado de lo que ya es) pero otros encuentran cierto placer en ahondar en esas preguntas esperando encontrar respuestas realmente satisfactorias. Así, creo que esa es la manera de definir la filosofía más claramente: la filosofía es aquella actividad que hacen los filósofos cuando dicen que hacen filosofía mientras les pagan por ello.

Parece que no dice nada pero dice al menos un poquito. La filosofía no es una sóla cosa, es el acercamiento con ciertas herramientas conceptuales a preguntas que si bien comienzan con preguntas del sentido común pueden llegar a altos niveles de abstracción y generalidad.

¿Y todo esto a qué va? Pues que hoy, 21 de noviembre, es el día internacional de la filosofía según la UNESCO que a veces les da por poner días como estos.

Y dado que todo el mundo se hace preguntas de este tipo en diversos momentos, pues,

¡FeLiZ DíA tOdOs!

PD: Por supuesto que evité deliberadamente cualquier reflexión sociológica del tipo "¿Pero cómo es posible que le paguen a una cantidad de gente por estar pensando en esas bobadas?" o, como alguna vez me preguntara un amigo de Jairo (a ver si Jairo está leyendo esto): "¿Cómo así, entonces alguien estudia filosofía para enseñarle filosofía a otros que en un futuro harán lo mismo?". Esa vaina me parece buenísima, pero lo dejaremos para otro día.

No more philosophy, its friday!

martes, 28 de octubre de 2008

De cómo conocí a Pelé

La cita fue en el Estadio Azteca a las 3pm. El encuentro, un clásico mexicano: el América del DF contra el Chivas de Guadalajara. Yo no tenía ni idea acerca de si era un partido amistoso, de torneo, una final, una eliminatoria, un repechaje o un picadito sabroso cualquiera. Pero accedí casí presionado por el grupo y por la mera curiosidad de conocer por dentro ese estadio tan grande. La experiencia fue más que interesante y gracias a este trabajo de campo he sacado las 5 reglas que toda persona con algo de amor propio debería seguir en una situación similar:

5 Reglas para ir a un clásico de futbol que no conoces:


1. "Debes preguntar de que colores NO debes ir"

Efectivamente y como parece que ibamos a hacerle barra al Chivas (por la rivalidad del América con los Pumas de la UNAM, dijo alguno, yo simplemente lo decidí desde que metieron el primer gol), entonces la instrucción fue no ir NI de rojo, NI de amarillo. Muy juiciosamente hice caso y me fui de camiseta a rayas azules y blancas.


2. "No intentes impresionar a las barras locales"

No hablarle a nadie,sobre todo cuando va perdiendo su equipo, van por la quinta cerveza o tienen cara de hinchas-hiperviolentos. Las hinchas, por más lindas que sean, no se impresionarán por escucharte cantar las porras con impetu, el acento te delatará. Luego de entender rapidamente que ahí no se había ido a hacer amigos o a levantar chicas, decidí quedarme quieto en la grada más alta del estadio desde donde la cancha se veía muy pequeña.


3. "No trates de comer la cómida típica del estadio"

Frente a la comida mexicana tengo muy poca voluntad. Desde abajo se acercó un tipo con una bandeja con vasos desechables con algo que, lo siento, no recuerdo el nombre. Pero lucían como una especie de chicharron (gordos de cerdo) en un agua con limón, sal y chile piquin (el tercer componente obligado de las frutas mexicanas, un chile en polvo). Yo, fan número 1 del cerdo en todas sus variantes, me sentí obligado a probar tan exotico manjar. 25 pesos después tuve entre mis manos el vaso, con una adición extra de limón y un palillo. Pues bien, mi merienda sabía exactamente a lo que lucía: un cuero crudo de cerdo con limón y chile. Que vaina más maluca, que sabor tan insípido, que textura tan fea, era muy duro y además picaba mucho.

4. "No llegues una hora después de la hora acordada"

Tal cual, alguien no conocía bien esta regla y muy perdido tuvo que buscarnos hasta el final del primer tiempo. Con un gol que no vió y habiendose perdido el evento magnánimo que da título a la presente entrada.


5. "No vayas al baño a menos que estés entrando o estés saliendo"

Además de las obvias dificultades para volver a ubicarte dada la romería de fanáticos, puedes perderte de lo mejor de la tarde, quizás de lo mejor del día, o quizás de lo mejor de TU vida. Fue gracias a mi apego a esta sabia quinta regla que pude disfrutar de un momento que para muchos será envidiable y para otros una tontería más:

Todo pasó muy de repente. Estabamos sentados mirando para todos los lados (recuerden hay alguien perdido) cuando de la nada aparece un grupo de gente en la cancha. Entre ellos gente muy encorbatada con caras de no jugar muy bien al futbol (con acento en la O como en Mexico).
A nadie le importó mucho quienes eran los fulanos hasta que se hizo un silencio sepulcral (nah, exagero pero me gusta el drama) y en pantalla gigante tecnicolor, con una cabeza de muuuchos metros, apareció ante nuestros ojos desprevenidos,
el Rey,
el ídolo de masas,
aquel que puede mirar a los ojos a Maradonna,
Pelé.

En medio de la algarabía que esto produjo nadie entendio por qué estaba ahí abajo, dio un pequeñisimo discurso en portugués, que para mi fue como si lo hubiera dado en chino y se fue.

Lo mejor, sin duda alguna, fue que pude tomarme una foto con él:


Por cierto, el partido quedó 2-1 ganando el Chivas.

sábado, 25 de octubre de 2008

Mexico Bizarro I - León a la naranja

He tenido el delicioso placer de tomar algunas fotos captando algunos aspectos de la vida mexicana que realmente resultan bizarros cuando te enfrentas a ellos por vez primera. Este es el inicio de una serie de entradas acerca de estas imágenes.

Una de las primeras incursiones que tuve al Mexico real , no el de Televisa, fue al mercado de San Juan, ubicado en algún lugar cerca al centro (quienes conocen mis discapacidades "ubicatorias" me entenderán). Y allí, plenas 7:30 am pude tomar la imagen que más me ha impactado:


Varios de ustedes quizás la hayan visto porque se las envié la misma tarde que la tomé para compartir mi asombro. Lo más sorprendente, creo yo, es la venta de carne de león. Las reacciones a esta foto son muy diversas y las he tipificado en cuatro grupos generales:

Los mojigatos culinarios: "Ohhh por Dios! qué les pasa a los mexicanos!?" (Clau-Pato)

Los carnivoros de animales no-carnivoros: "Nunca comería un animal que se come otros animales" (Isa-sa-sa)

Los comemos-lo-que-nos-sirvan: "Si me lo dan, me lo como" (quizás todo Dumas)

Los curiosos entusiastas: "Isa, yo pongo la carne, tu la cocinas?" (mi posición frustrada)

Muchos de ustedes ya se habrán ubicado en alguno de esos cuatro grupos. En lo personal, comer león me resulta una idea apasionante. Saber que tienes al rey de la selva trinchado en un plato en la sala de tu casa es romper el último bastión que le quedaba a la naturaleza en contra del hombre, es lanzar una oración a favor de la supremacia de la plaga humana.

Si no son los leones, ¿quién podrá contra nosotros?

PD: Debo aclarar que ningún mexicano que conozco ha comido carne de león. Ni siquiera sabían que se podía comprar.

PD2: El kilo de carne de león cuesta 350 pesos mexicanos, un poco más de 60.000 pesos colombianos. Si se quiere el león entero cuesta la módica suma de 30.000 pesos mexicanos, algo como 5'120.000 pesos colombianos. También venden el león vivo.

PD3: ¿Es legal? No tengo ni la menor idea.

viernes, 24 de octubre de 2008

Vainas chilangas y sobre los ídolos

Al fin me decidí a abrir el blog. Hace mucho quería hacerlo pero no había tenido el impulso. ¿Qué encontrarán aquí? Cualquier tipo de reflexión, historia bizarra o algo que considere que debe ser mencionado y que a ustedes, mis queridos lectores (si es que son más de dos), pueda interesar, entretener o al menos desaburrir en aquellas largas mañanas, tardes o noches navegando sin rumbo.

Creo que toca, por fuerza, gastar un parrafo explicando el nombre. Vainas: en colombiano es sinónimo de "cosas", "cuestiones", "asuntos". Chilangas: su significado varía de quien lo defina. Si es alguien de la provincia (fuera del DF) te responderá que lo chilango es lo propio del DF; si es alguien del DF te responderá que lo Chilango es lo propio de aquellos de provincia que no son del DF pero que ahora si están ahí. Sea lo que sea, lo chilango es lo propio del Defeño. Espero no entrar en alguna discusión semántica sobre esta palabra así que gracias a los mexicanos por abstenerse de opinar al respecto.

Entrando en materia, comenzaré con algo que me sucedio esta tarde. Estaba entrando a Plaza Cuicuilco (un centro comercial que queda al lado de unas pequeñas ruinas de la cultura cuicuilca, una muuuy antigua), cuando me encuentro con una firma de autógrafos de The Rasmus. Una tarima en un extremo y una fila interminable de unos dos centenares de adolescentes mexicanos, entre emos y nu metaleros (cómo le dicen aquí, ¿metálicos?, algún mexicano que aclare esto por favor...), que se notaba, por sus caras de hambre y grandes maletas, llevaban horas y horas. Sólo se escuchaban los gritos y alabanzas a los cuatro gringos, güeros, sentados en una tarima firmando, abrazando y recibiendo regalos (muy nacos por cierto).

Bueno, todo esto va a que realmente me sentí un poco viejo. ¿Por qué? Sencillo ya no sería capaz de hacer o sentir eso por nadie, ¡nunca! Y creo que ninguno de los que está leyendo esto. ¿Así que qué pasó? Todos sentimos alguna vez cierta idolatría por figuras de carne y hueso, grupos musicales, escritores, lo que sea. Hay que decir que el proceso de desencantamiento es bien complicado pero a la vez saludable, sientes que te quedas más sólo, pero eres más fuerte.

La última vez que sentí esto fue hace un par de días, estaba viendo "Days of Being Wild" una película de mi director favorito, Wong Kar-Wai (2046, In the Mood for Love), y sentí que era otra cosa más de lo mismo. No sentí la potencia narrativa de otras películas, ya no me sorprendió escuchar los boleros, incluso canciones que había escuchado en otras películas puestas en momentos precisos en esta sonaban casi gratuitamente. Me encanto la película, porque la formula de Kar-Wai me gusta muchísimo, pero supuso cambiar mi concepto acerca del trabajo creativo que ella implicó. Digamos que desmitifiqué a alguien que tenía realmente mitificado.

¿Recuerdan cuál fue su último ídolo abandonado? No tienen que contestar la pregunta en los comentarios (aunque si alguien se anima sería buenísimo), pero creo que es interesante recordarlos, sentir un poco de nostalgia por algo que estaba ahí pero se ha ido. ¿Será posible vivir sin ningún tipo de ídolo?



PD: Se recomienda encarecidamente el músical "Mamma Mia!". ¡Muuuy entretenida!
 

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